Mitos del futuro próximo
Tiene gracia. Llevo años oyendo hablar de J.G. Ballard y solo me he animado a leerlo después de muerto.
Compré "Mitos del futuro próximo" en una pequeña librería de Uruguay por menos de un euro. En la portada sale una casa boca abajo. Una casa sostenida en el aire. La imagen está teñida de un inquietante rosa.Pensé que sería una novela y resulta que es un compendio de relatos. Tanto mejor.
Ahora, cuando voy por la mitad del libro, todavía me cuesta asimilar la inmensidad de estos relatos, estos mitos, de un futuro muy cercano. Tanto que asfixia.
Ballard no escribe solamente ciencia ficción. Extorsiona el tiempo. Disecciona la realidad en múltiples imágenes. Y lo mejor de todo es que éste, el primer libro que tomo en mis manos (por supuesto, el primero de muchos), está plagado de historias de astronautas.
So fucking wonderful.Veinte años antes habían aparecido los primeros síntomas de ese extraño malestar, la llamada "enfermedad espacial". Afectando al principio sólo a una pequeña minoría de la población, echó lentas raíces en los intersticios de las vidas de las víctimas, en los menores cambios de las costumbres y del comportamiento. Se repetía invariablemente el mismo recelo a salir de las casas, el abandono del trabajo, la familia, los amigos y la aversión por la luz del día, una pérdida gradual de peso y el refugio en un yo vegetativo. [...] Pero el nombre común con que se conoció la enfermedad y las primeras pistas sobre su naturaleza nacieron de otro síntoma que aparecía en las etapas terminales. Casi sin excepción, las víctimas se convencían de que alguna vez habían sido astronautas. Miles de enfermos yacían en oscurecidas salas de hospital, o en sucios dormitorios de hoteles de segunda, ajenos al mundo que los rodeaba pero seguros de que alguna vez habían viajado por el espacio a Marte y Venus, y habían caminado junto a Armstrong por la luna. Todos, en los últimos segundos de lucidez, se ponían tranquilos y serenos, y murmuraban como pasajeros amodorrados en el comienzo de una nueva travesía, el viaje de regreso al sol.
Por las noches, mientras descansaba en la azotea de la clínica abandonada, Franklin recordaba a menudo a Trippett, y el último viaje que había hecho por el desierto con el astronauta moribundo y su hija. Impulsivamente, había cedido ante el pedido de la muchacha, cuando la encontró esperándolo en el laboratorio desmantelado, el traje de astronauta y las gafas solares del padre en las manos, gastados recuerdos de una era espacial desaparecida. En muchos sentidos no había sido más que un gesto sentimental, pero Trippett era el último hombre que había caminado por la luna, y el paisaje descuidado que rodeaban la clínica se aprecía cada vez más a la superficie lunar.El libro puede descargarse aqui. Y termino con un fragmento que me recuerda tanto tanto al guión de nuestra película...
-Y un árbol se convierte en una selva, y una gota de agua en todo un lago. El tiempo nos quitó todo eso, Úrsula, aunque durante un breve período los hombres y mujeres tal vez vieron el mundo como un paraíso. ¿Cuando aprendiste a ver?
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